CALENDARIO AZTECA

domingo, 14 de noviembre de 2010

Querida Elena Francis:

¿Qué son cincuenta años? Nada, en la historia del hombre, menos en la historia de la tierra.
Pero estos últimos cincuenta años parecen muchos más si comparamos muchas cosas, entre ellas la sociedad española.
Ayer vi por la tele un documental sobre el famoso programa de Elena Francis. Todos hemos visto películas donde siempre las mujeres oían a esa mujer de fondo en la radio. Hace tiempo se encontraron en una masia miles de cartas de ese programa, y la lectura de las mismas son...increibles. Teniendo en cuenta el poco que ha pasado. Jóvenes de 17, 18 o 19 años haciendo unas preguntas que ahora te pueden contestar los niños de 10.¿Inocencia? ¿represión?
Imagino que un poco de todo.
Podeis ver el documental en la página de rtve. Creo que muy interesante.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El mejor mundo posible

Esta claro que no vivimos en el mejor mundo posible. Pero mi generación vive una de las épocas más cómodas para el gran común de la población.
Quizá por eso existen los ni-nis, canis o como se les quiera llamar, gente sin sueños y sin aspiraciones. Sinceramente no los entiendo, pero puedo buscarles una explicación en que nunca les ha faltado de nada ni a ellos ni a sus padres, y no tienes más memoria.
Mis padres vivieron en el campo, con todo lo que acarrea eso, comer bien si la cosecha era buena. Siempre mirando este cielo castellano, que es tan grande porque tantos lo miraban. Que desde niños tuvieron que trabajar y que cuando llegue yo al mundo lo siguieron haciendo para que a mí no me faltara de nada.
Nunca tanta gente ha tenido tanto, al menos en mucha parte de la tierra. Nuestros abuelos vivieron guerras, hambrunas y enfermedades.
Nuestros bisabuelos vivían sin electricidad, ni agua corriente, sin supermercados y sin tantas cosas que para nosotros parecen hipernecesarias. Tenían que trabajar duro para seguir adelante.
Y remontandonos más en el tiempo, la cosa se pone peor. Sólo unos pocos disfrutaban de los adelantos tecnológicos, sólo unos pocos vivían tranquilos.
La edad moderna y sus enfermedades, y sus épocas de carestía, la religión tan fanática en la edad media, las guerras en ese momento y en el anterior.....hubo una vez que teníamos que salir a cazar para poder comer. Y que nuestra esperanza de vida, no pasaba de los veinte años.
Todo eso se olvida, cuando enciendes la ducha y sale agua, y encima caliente. Cuando tienes la comida perfectamente distribuida por categorias en las tiendas, cuando tienes luz que hace que la noche sea también para los humanos. Tenemos mucha suerte de vivir en el momento en el que vivimos. Tiene sus pegas por supuesto. Nuevas enfermedades (SIDA, cáncer, miopia...), nuevas guerras, contaminación, cambio climático (pero éste seguramente joderá más a las generaciones posteriores que a la nuestra), menos puestas de sol y más edificios (aunque ésto para muchos no sea algo malo).
Pero vivimos muchos años en unas condiciones muy buenas. Por eso hay tiempo para otras preocupaciones que si tuvieramos hambre no existirían, muchas más depresiones por falta de amor o por no poder hacer lo que quisieramos. Quejándonos de cosas que en realidad no son tan importantes, como nosotros pensamos. Sólo que las de verdad ya no nos importan porque las damos por hechas.
Espero que no ocurra un cataclismo y en la tierra sólo queden cuatro personas, porque ya no sabemos ni cultivar la tierra ni hacer la matanza del cerdo. En este caso sólo sobrevivirían las partes del mundo donde todavía viven así. O nuestros abuelos, o mis padres en este caso. Nos hemos vuelto inútiles en ese sentido y la comida ya manufacturada tiene un tiempo de caducidad.

lunes, 11 de octubre de 2010


Esta foto fue sacada el primer día que yo trabajé en una excavacion arqueológica. Tenía 18 años y muchos sueños en la cabeza.

Ese día pasé sueño, cansancio, mucho frío por la mañana temprano y mucho calor al mediodía. Sufrí un ataque de un asma que no tenía ni tengo por barrer el campo, me corté desbrozando y no sabía como usar el pico y la pala....Además un señor me daba ordenes sin explicarme las cosas.

Parece un día horrible, pues si lo fue. Es más pensé en qué hacía yo allí, en vez de disfrutar de las vacaciones como el resto del mundo.
Pero eso sólo duro un día o dos. Aprendí a coger el pico sin que me doliera la espalda, a palear, a distinguir las cerámicas de las piedras, los huesos de animal de los humanos, a ver las piedras de los muros antes de que el pico diera con ellas. Ya no me costaba madrugar, las heridas se curaban y disfrutaba de cada hora allí aunque siguiera siendo un trabajo muy duro. Muy poco valorado y remunerado. Pero en el fondo sé que es la envidia de muchos que nunca se atrevieron a estudiarlo.

Y ahora mismo no sabeis lo que lo echo de menos. Cuando me preguntan que qué soy, ya no sé que decir....¿arqueóloga? ¿lo he sido alguna vez? desde luego ahora no lo soy. Estudie historia con todas las asignaturas de arqueología, hice un máster de arqueología y me pasé los cinco veranos de la carrera en alguna excavación. Hice los cursos que pude y leí mucho sobre ello. Pero dudo cuando me preguntan mi profesión.

Ahora trabajo en un archivo, pero no me siento archivera. Es un trabajo que me gusta, y es mucho más tranquilo, limpio, descansado y comodo que el de campo pero me falta algo.

Supongo que soy historiadora y punto.

Si a eso se le puede considerar una profesión cuando no investigas.

He olvidado como se dibuja la cerámica o como se usa una estación total. He aprendido a utilizar bases de datos de archivos, a recibir relaciones de entrega, a signaturar, a atender al público....

Pero echo tanto de menos tener las manos llenas de tierra, pensar por qué aparece este muro o esta cerámica, y sobre todo a los arqueólogos. Ese pequeño mundo dentro de este mundo. Echo de menos que la gente te pregunte donde están los tejados de las casas romanas o limpiar concienzudamente una clavícula de un visigodo. Echo de menos limpiar el material e incluso dibujar la planimetría.

Echo de menos trabajar al aire libre, mirar las nubes cuando te estiras para que la espalda no se doble para siempre y no estar encerrada en un edificio (aunque no me quejo, tengo la suerte de trabajar en un archivo ubicado en un edificio precioso).

Es raro no saber lo que eres, supuestamente ya he acabado mi etapa de estudiante y debería tener claro mi futuro profesional...entre que la situación actual no ayuda y que la indecisión siempre ha estado presente en mi vida cada día lo tengo menos claro.

Oposiciones para un archivo (mucho estudiar, mucha competencia y pocas plazas) alguna empresa de arqueología privada (mucha competencia, pocas excavaciones)... como me arrepiento de no haber estudiado más en la facultad y así poder disfrutar de una beca e investigar de verdad, hacer arqueología sin un promotor detrás, con tiempo para estudiar y analizar....pero ya no hay vuelta atrás.

¿Qué me deparará el futuro?

Esa foto lleva colgada en mi habitación unos seis años y cada vez que la miro me acuerdo de ese día. De las ganas que tenía de irme de allí y volver corriendo a mi casa. Me hubiera arrepentido toda mi vida si lo hubiera hecho. No importa si no vuelvo a excavar nunca, si no me llego a dedicar a ello. Siempre tendré en la memoria todos esos madrugones, todas esas heridas de guerra y esa satisfacción cuando terminaba de haber hecho lo que siempre había soñado.

jueves, 23 de septiembre de 2010


Los retratos del Fayum son el sueño de cualquier historiador.

Son auténticas fotografías del pasado. Poder ver el rostro verdadero de personas que vivieron en un tiempo en el que la cámara de fotos no estaba ni mucho menos imaginada.

En concreto el retrato que he subido siempre me ha llamado mucho la atención, los ojos de este romano, parece que te están mirando directamente. Seguro que nunca imagino que su rostro estaría en un museo y que miles de personas vieran sus ojos casi dos mil años después de muerto.


En pocas ocasiones llegan hasta nosotros retratos sobretodo por ser la madera la base donde se realizaban, pero las características de la región egipcia hicieron que se sellasen y que se conservaran en perfecto estado. Como he dicho un sueño.

Qué historiador o arqueólogo no quiere ver el rostro del individuo que está estudiando, viendo sus ropajes, sus adornos, su fisonomía y sus ojos sobretodo su mirada. Un regalo de la casualidad que ojala se repita en más ocasiones.

domingo, 19 de septiembre de 2010

DEP


No sé si recordar los sueños es una suerte o no. Pero yo siempre me acuerdo al menos de uno de ellos, todas las noches.


Y el de esta noche, ha sido como decirlo…raro.


Yo vivía con mi familia (no la real, sino otra totalmente diferente) en mi pueblo de Salamanca, la casa estaba localiza en el mismo sitio donde está la real, pero su estructura interna no tenía nada que ver con la autentica. Era una casa enorme y preciosa, de las típicas de los pueblos, una casa que siempre me hubiera gustado tener.


Y mi familia y yo en nuestra casa teníamos una especie de negocio, un tipo de casa rural, ya que teníamos muchas habitaciones…pero con espectáculo.


Había gente que venía a nuestra casa para ver como se trataba la muerte en los pueblos antiguamente. Como se trataba al difunto, las celebraciones, el luto…cosas que para los más jóvenes son totalmente desconocidas.


También había gente que iba a morir allí, allí se hacían velatorios de noches enteras, amortajamientos, plañideras, tijeras, espejos tapados…y todo visto, como un espectáculo para gente de la ciudad.


La muerte sirviendo para atraer el turismo.


Increíble. Recuerdo que el muerto era británico, y recuerdo a sus hermanas vestidas de negro llorando sentadas en un banco de la casa. Y recuerdo a los “turistas”…

Pero no daba miedo, para nada. Era visto como un negocio....se había separado lo horrible de la muerte con la alegria de la gente nueva en la casa, gente joven que venía a pasar unas vacaciones diferentes. Y la rutina de un trabajo que haces todos los días.
Un triste negocio.

lunes, 12 de julio de 2010

Santo Domingo de Guzmán








Townsend en su viaje a España en 1786-7 escribía: “La ciudad tiene 15 iglesias principales, con cinco anejas, 46 conventos, 227 curas, 6 hospitales para los enfermos, para los niños y para los locos, 5000 familias y 20.000 almas”.

Esa amplia oferta eclesiástica creada en la edad media y en la edad moderna tiene hoy un único superviviente. Una calle, remanso de paz, que apenas ha variado en muchísimos años. En ella persisten aún varios conventos con grandes portones de madera que parece que separan un mundo de otro.

Todos los días paso por ella para ir a trabajar, podría utilizar cualquier otra, pero no quiero. El empedrado del suelo, las rejas de los conventos y al fondo la Iglesia de San Agustín reutilizada en archivo municipal y donde me paso las mañanas es un espacio increíble para trabajar. El techo es enorme, las capillas, ahora oficinas llenas de papeles tienen las paredes de piedra y algún resto de su antigua empresa, hacen que sea un lugar especial.

Esa calle llamada Santo Domingo de Guzmán, como no podía ser de otra manera. Es una de las calles más bonitas de Valladolid y mucha gente la hace pasar inadvertida….

viernes, 25 de junio de 2010

ADIOS HOSTAL ADIOS


Aunque ya hace meses que volví a vivir a Valladolid, no ha sido hasta hace unos días cuando de verdad he cerrado el círculo cordobés.

Sé que volveré a Córdoba, pero sé que estas futuras visitas no serán parte de mi aventura cordobesa, será otro círculo diferente.

Por última vez he estado en nuestro hogar, nuestro Hostal, conviviendo con mis castellanas.
Han sido muchas horas juntas, desde el primer día creando un sueño en la primera parada del bus muerte (burgos-córdoba, nueve horas y de noche) apuntando en un papel las primeras compras para nuestra nueva casa. O las primeras horas en ella, convirtiendo la salita en mi habitación y el recibidor en salón. Limpiando la maldita casa a conciencia cada vez que venía a vernos alguien o colocando su retrato en la pared junto a Sanpa.

Madre Sanpa!!! No me despedí de él…que error!!! Tampoco volveré a verle a él, ni volveré a colocarle otro adorno encima, ni a regarle con vino ni a cantarle su oración.

Y ese sofá compartido con mi pochi, esas risas la primera vez que supimos que hay que sentir para pensar, todos los videos de Jose que vimos en él, sin olvidar a las vecinas de Valencia…

Hablando de vecinos, tampoco olvidaré a la puta, al camello, a Larry…

Esas horas en la cocina, haciendo pasteles, croquetas o sangría o los aperitivos que nos montábamos en la terraza.

Esa terraza que me amparaba por las noches y me dejaba ver la luna y las estrellas en pijama y zapatillas o me dejaba mojarme cada vez que llovía sin tener que salir a la calle.

Tirarnos encima de la cama de darky, en la de pochi o en la mía, oh aún recuerdo mi cumpleaños tiradas las tres en mi cama hasta las seis de la mañana.

Ya nadie me pregunta que qué voy a cenar, ni pochi hará mi cena. Ya no moriré de un infarto cuando llaman al móvil de Darky.

Esos ataques al frigorífico cuando volvíamos de fiesta y esas luchas de cojines creando obstáculos para la primera que al día siguiente bajaba las escaleras.

Nuestro grito de guerra quedará en el Hostal, escrito encima de cada una de nuestras habitaciones.

Ya no oiré las risas de ellas cuando me veían correr en bolas. Ni nadie me traera whisky cuando lo necesito, o se beberá un tequila conmigo. Ya no quedaremos a las cuatro de la mañana en la cocina cuando tengamos que preparar un examen o una exposición.

Ya no estarán en la habitación de al lado para cuando necesite un abrazo, un oido, un cigarro o cualquier cosa.

A la ciudad podré volver pero nunca a vivir esto.

No echaré de menos Córdoba, echaré de menos a Mónica y a Sandra y a ese mundo creado en el Hostal Las Castellanas.

Córdoba sólo fue el marco de un bonito cuadro.

lunes, 26 de abril de 2010

Entre dioses y peones


En muchas ocasiones no continuas viendo a tus antiguos compañeros del instituto.
Mucha gente, muchos destinos diferentes que los alejan de tu ciudad o el paso del tiempo que separa mucho más que los kilómetros.
Pero alguna diosa del destino quiso que yo siguiera compartiendo amistad con Alberto Gómez Vaquero y en estos años (que ya son muchos) hemos seguido compartiendo conversaciones en persona o no. Y hace muy poco ha publicado su primera novela.
Todos los que le conocíamos en el instituto sabíamos que Alberto llegaría a algo en la vida. En un instituto de un barrio obrero de Valladolid la mayoría de los alumnos ni siquiera seguirían sus estudios de bachiller o de universidad, pero Alberto era y es una persona muy inteligente y especial que ya destacaba en aquellos años.
No quiero hacer la pelota ni mucho menos, pero si quiero que la gente lea esta novela "Entre dioses y peones" hasta el título es bueno.
Nos situamos en la ciudad de Valladolid, y sólo una persona que cruzaba el puente Mayor todos los días para ir al instituto puede describir tan bien esas mañana heladas cubiertas de una niebla vallisoletana que no tiene nada que envidiar a la tan famosa niebla londinense.
Un policía y un asesino en serie que alarma a la pequeña ciudad. Sangre, alcohol, sexo y niebla la pueden describir perfectamente.
Raúl Hedior protagonista de la novela nos transmite su frustración desde la primera página, producida por varios asesinatos cometidos siempre en el mismo lugar: el Paseo Zorrilla. Nervio central de la capital castellana.
No quiero decir nada más, leedlo y descubriréis como engancha. Muy fácil de leer.Un buen libro para una tarde gris en Valladolid o en cualquier parte.
Enhorabuena Alberto. Espero que sea el primero de muchos.
*Hasta dentro de un mes aproximadamente no se podrá comprar en tiendas, actualmente para adquirirlo en la página web de la editorial en :

http://www.edicionesamaniel.com/libreria/product_info.php?products_id=35&osCsid=spprgjki9s429i1cojj9d2dmg0)

lunes, 29 de marzo de 2010

Triste despedida

Pues se acabó.
Acabo de terminar de recoger todas mis cosas de la habitación.
Desde Navidad me llevo llevando cosas a Valladolid, pero hasta que hoy no he empezado a quitar las fotos de las paresdes, mis posters y demás chorradas que tenía decorando mi habitación parecía que no me iba del todo.
La habitación está vacía, con el horror vacui que yo tengo. Seguro que ni duermo esta noche.
Voy a echar de menos las callejuelas cordobesas, esas que aunque ya hayas pasado te parecen desconocidas, el barrio de Santa Marina y la juderia sobretodo. No voy a echar de menos a los cientos de turistas que todos los días van por ellas, pero ese es otro tema.
Echaré mucho de menos a la gente que he conocido aquí. Con el miedo que le tenía yo a los andaluces, echaré de menos a los corteganos, las onubeneses, los malagueños, las sevillanas y sobre todo a los cordobeses que he conocido en estos meses.
Pero sobre todo voy a echar de menos mi casita y a mis niñas. Aunque sé que dentro de poco estarán muy cerquita allá en Castilla, pero ya nunca será igual. Vivir con ellas ha sido un sueño. Parecíamos predestinadas a vivir juntas. Echaré de menos cocinar con ellas, ver la tele, salir a tomar el aperitivo a la terraza, meterme en sus camas, y sobre todo reirme...esos ataques de risa que nos daban.
Ay.
Y vuelvo a casita, con ganas y con tristeza a la vez. Echo mucho de menos aquello, a su gente y a sus calles. Pero me toca enfrentarme a una nueva época en mi vida, que nunca he vivido. Y acojona. Siempre estudiando.
Y ahora a buscar curro no sé muy bien de qué, a preparme unas oposiciones de tampoco sé el qué. Y a vivir con mis padres de nuevo.
Pero bueno, cuando vine aquí sabía que era temporal y que tenía que volver y enfrentarme a ese duro mundo laboral.
Sólo me queda echar mucho de menos todo este tiempo.
Adiós Córdoba.

martes, 16 de marzo de 2010

MILANA BONITA


Sin saber ni siquiera que estuviera tan grave el jueves pasado, un día antes de que muriera me compré uno de sus libros.

Paseando por Granada encontramos un mercadillo benéfico que tenía una pequeña sección de libros, y entre ellos Los Santos Inocentes.

Hace un par de meses también por casualidad adquirí otro libro si no suyo sobre él y sus palabras. Recogia guiones para televisión, discursos y más palabras suyas en diferentes formatos saliendo de sus conocidas novelas. Hablaba sobre Valladolid, sobre Castilla y sobre los castellanos.

Valladolid se volcó con él en sus últimos momentos y me apenó mucho no estar allí y enterarme a tantos kilómetros, casi por casualidad...

Adios don Miguel.

Que mejor homenaje que sus palabras sobre su tierra, mi tierra. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que dentro de poco es 23 de Abril:

"A un paso de Tordesillas se encuentra Villalar de los Comuneros, en cuyos campos se perdió la más grande oportunidad de nuestra historia. Mentira parece que un nombre que significa tanto haya llegado a tan poco. He aquí en lo que han quedado, en ruinas, las luchas de Castilla por sus libertades".

Sit tibi terra levis.

jueves, 4 de febrero de 2010

Las piscinas de Michelin


Hay veces que vamos a un lugar mil veces y de repente dejamos de ir.

Mis veranos de la infancia estaban entre mi pueblo de Salamanca y Bizcaia. Pero los veranos eran muy largos cuando éramos pequeños y también pasaba tiempo en Valladolid. Y casi todos esos días en Valladolid yo me iba a la piscina de la fábrica donde trabajaba mi padre.

Allí aprendí a nadar, y pasé muchas horas debajo del cerezo. Siempre nos poníamos en el mismo sitio debajo de ese árbol rojo. Al lado del tobogán, al menos hasta que lo quitaron....

Qué de horas me habré pasado allí con mis primos y mi tía. Recuerdo que siempre me comía un mico-lápiz o un mico-bruja después de comer jejeje.

La fábrica además de la piscina era el lugar donde los reyes magos me traían regalos. Un poco raro, porque los podías elegir tú mismo unas semanas antes de la festividad. Recuerdo la sala de lo regalos, todos clasificados por edades. Y la bolsa de ositos de gominola que siempre te regalaban.

Recuerdo también los columpios hechos con ruedas, no podía ser de otra manera, y lo alto que me parecía ese tobogán incrustado entre dos grandes ruedas.

Hace poco hablando con un amigo al que conozco hace muchísimos años pero que no sabía que su padre también trabajó allí y por lo tanto también disfrutó de las instalaciones, nos dimos cuenta de que seguramente nos cruzamos mil veces en la piscina, haciendo cola en el bar o en la fuente.

Hace muchísimos años que no he vuelto a pisar por allí. Pero no me importaría volver a buscar tréboles de cuatro hojas en su césped.

jueves, 28 de enero de 2010

Entre don Pero y don Jose




“Valladolid limita al norte con don Pero Ansúrez, el conde (diluido en la bruma matutina, porque el Pisuerga es fecundo paridor de nieblas) que fundó la ciudad hace un montón de años, y por el sur con don José Zorrilla, el poeta romántico. Entre don Pero y don José se extiende toda la historia de la ciudad, su pasado. Pero también entre don José y don Pero, se extiende todo su presente, porque entre don José y don Pero zigzaguea la calle de Santiago, ágora de la ciudad, en la que a ciertas horas se dan cita universitarios y modistillas, intelectuales y horteras, militares y paisanos, artesanos y menestrales, médicos y pacientes, abogados y pleiteantes, niñas inútiles y campesinos(…)”.

1966 Programa de televisión, "Valladolid por Concha Velasco", pero el guión es de Delibes.






sábado, 16 de enero de 2010

Tierra de Campos infinitamente…”Jorge Guillén

sábado, 12 de diciembre de 2009

MALETA


Quizás hasta hoy no me había dado cuenta de que me voy de verdad de Córdoba.

Estoy haciendo la maleta para volver a casa por Navidad, pero me estoy llevando todo lo que puedo para la vuelta definitiva, llevo una maleta más grande que yo, un bolso de viaje, la mochila, el portatil, el bolso....aún no sé muy bien si conseguiré llegar con todo a Pucela.

Y empaquetando han venido a mí miles de recuerdos de este año.

Billetes de tren que me recuerdan los viajes, apuntes que me recuerdan los cursos, ropa que me he comprado aquí, libros, regalos...hasta he encontrado un calcetín que no es mío.

Sé que en enero volveré, pero sólo por un par de meses. Sabía que me iba pero hasta hoy no lo he visto tan claro.

No volveré a esta casa, ni a pasear por la judería. Y sobre todo no volveré a vivir con mis niñas, que creo que es lo que más pena me da.

A parte de volver a casa de mis padres, de volver a una ciudad donde casi no hay nadie y de enfrentarme por primera vez a la vida adulta en busca de trabajo.

Y ni siquiera he terminado la tesina aún...

Voy a volver a hacer burbujas de jabón hasta que me olvide de todo.

jueves, 10 de diciembre de 2009

relax


Tengo todo lo necesario a mi alrededor.

Un mojito, una mantita, música, un cigarrito de la felicidad, bizcocho de nata....

Hoy ha sido el día menos productivo desde hace meses, no he hecho absolutamente nada.

Me he levantado tarde, que la cocina parece un campo de guerra se llama al chino y que cocinen ellos, que hay algo que está lejos tenemos el "atrapa ilusión" (ver imagen) que llega a cualquier sitio.

Llevo meses encerrada haciendo la tesina (vaya invierno que he pasado como diría un viejo amigo) y ya no puedo más, estoy cansada, hoy no quiero saber nada de ella, llevo horas tumbada en el sofa viendo pelis y oyendo música, mirando videos de youtube y haciendo el imbécil por internet.
Y haciendo pompas de jabón. Esos botecitos son geniales, guardan tu infancia dentro. Estás tan tranquilo y de repente ves el bote, lo tienes que abrir, y tienes que hacer pompas, las más grandes que puedas, tienes que hacer pompas dobles...no puedes evitarlo, vuelves a los cinco años de un golpe.
Y que felicidad más genial. Todo el mundo tendría que despertarse por la mañana con una canción y hacer pompas de jabón.

No me voy a mover ni un poquito.

He dicho.